miércoles, 22 de abril de 2026

Proyecto fotografía de pájaros en patio casero #3


Volvemos con una nueva actualización del comedero del patio, y esta vez con muy buenas noticias, aunque no especialmente extensas.

Después de bastante tiempo, por fin ha ocurrido algo que llevaba esperando desde el principio: ver a los pájaros comiendo directamente del comedero.

Hasta ahora, venían sin problema a por las semillas que tiraba al suelo o al tejado, pero el comedero… ni lo miraban.

Hace un par de días me llamó la atención que el nivel de semillas había bajado bastante. No le había estado prestando mucha atención en días anteriores, pero aquello era evidente: faltaba comida. Aun así, decidí no tocar nada y esperar un poco más.

Al día siguiente apenas quedaban semillas, ya prácticamente inaccesibles. Estaba claro que alguien había comido. Pero la duda era: ¿quién? En la entrada anterior comentaba que pensaba que podían ser ratones, ya que el comedero estaba en el suelo. Pero ahora lo tengo colgado, aproximadamente a un palmo.

Así que tocaba comprobarlo.

Lo rellené de nuevo y coloqué la webcam para observar desde el ordenador. Y lo que vi… me hizo literalmente gritar de alegría: gorriones posándose y comiendo sin parar. Un ir y venir constante. Y, en el suelo, tórtolas y palomas aprovechando todo lo que los gorriones dejaban caer.

Fue un momento mágico. De esos que te reconcilian con la espera y el proceso. Porque, sinceramente, ya empezaba a pensar que el comedero no iba a funcionar.

Pero funciona. Y eso cambia todo.

Es cierto que, por ahora, solo están viniendo gorriones, y me gustaría ver más variedad de especies. Pero este es un paso enorme.

Y hablando de pasos, el siguiente será ir subiendo el comedero poco a poco, palmo a palmo cada pocos días, hasta dejarlo finalmente colgado en la rama.

Seguiremos informando.

Gracias, como siempre, por estar ahí.

Vídeo de varias grabaciones en comedero: Youtube

Short youtube con mejor grabación: Youtube

Actualización:

Me llegó el poncho de camuflaje y lo puse a prueba en el patio y ha sido un éxito, aunque tuve que esperar algo más de media hora.

Adjunto fotos del poncho y las que he logrado, que, sin duda, son las mejores hasta ahora en el patio.














miércoles, 15 de abril de 2026

Merlin Bird ID: la app que todo amante y/o fotógrafo de las aves debería tener


En los últimos años han aparecido muchas aplicaciones para identificar aves, pero pocas han cambiado tanto la forma de observar naturaleza como Merlin Bird ID, creada por el Cornell Lab of Ornithology, una de las instituciones científicas más prestigiosas del mundo en el estudio de aves.

Lo que hace especial a Merlin es su precisión y su simplicidad. No necesitas ser experto: basta con grabar unos segundos del canto o subir una foto, y la app analiza el sonido o la imagen para ofrecerte una identificación muy fiable. Además, funciona sin conexión, algo perfecto para salidas al campo.

Su punto fuerte es el Sound ID, capaz de reconocer cantos y reclamos en tiempo real. Esto permite descubrir especies que quizá no llegas a ver, entender qué está ocurriendo a tu alrededor y aprender muchísimo más rápido.

A todo esto se suma una base de datos enorme, guías visuales, mapas de distribución y grabaciones de referencia de gran calidad. Y lo mejor: es completamente gratuita.

Merlin no solo identifica aves. Te enseña a escucharlas, a fijarte en detalles y a disfrutar más de cada paseo.

Por eso os la recomiendo y porque yo mismo la uso en cada salida que hago. Me ha ayudado muchísimo y gracias a ella he logrado empezar a aprender sobre ornitología.

Os dejo, también un vídeo que he grabado para unos amigos, explicando cómo funciona de forma breve.

Descargar | Android

Descargar | iOS

Más información | Cornell Lab

Vídeo | Youtube



lunes, 13 de abril de 2026

Canon RF 100‑400mm: primeras impresiones de un sueño cumplido

 


Después de mucho soñar, sufrir y esperar, por fin tengo el 100‑400 mm en mis manos. Y… ufff… qué sensación.

Lo primero que noté fue el peso: más contundente que el 24‑105 mm, más robusto, más “herramienta de verdad”. Lo agarras y ya te sientes poderoso.


Hoy el día está gris a rabiar, pero aun así he podido hacer unas primeras pruebas. Tenía mis miedos —que si la calidad, que si no sabría manejarlo, que si sería demasiado para mí— tonterías que se nos meten en la cabeza. Y la verdad: estoy encantado. Sé que aún tengo que aprender a medir mejor la luz en aves y a sacarle todo el jugo, pero las sensaciones son buenísimas. Tanto en aves como en macro.


Por qué elegí este objetivo 

Regresé a la fotografía haciendo macro. Me gustaba, pero pronto me di cuenta de que había mucho más que insectos a mi alrededor: aves, mamíferos, vida por todas partes. Quise dejar de mirar solo hacia abajo y empezar a mirar al frente… y hacia arriba. El problema era que solo tenía un 35 mm.

Ahorrando, conseguí un 24‑105 mm f/5.6‑7.1. No era lo que quería, pero era lo que podía permitirme. Además, era versátil: si al final el mundo de las aves no me enganchaba, no sería dinero tirado. Pero me enganchó. Y mucho. Y el 105 mm se quedó corto enseguida. Absurdamente corto. Así que me puse una meta: conseguir el 100‑400 mm. 

¿Que me habría gustado el 200‑800 mm? Claro. ¿Que no nado en dinero? También. Así que opté por lo que puedo permitirme y, sobre todo, por lo que me puede dar horas de diversión, aprendizaje y experiencia. 

Es como comprar un coche normalito para empezar: no es un Bugatti, pero tampoco un trasto de hace 20 años. Es lo adecuado para este momento y para mi bolsillo.

Lo que espero aprender

Lo divido en dos bloques: fotografía y naturaleza.

Fotografía

Quiero aprender a:

fotografiar aves en movimiento
controlar la luz cuando hay mucho contraste
buscar mejores encuadres
prestar más atención al fondo
ser paciente

Naturaleza

Sé poco de aves, y este objetivo me ha abierto la puerta a un mundo apasionante.
Comportamientos, hábitos, sonidos, movimientos… cada día descubro algo que me maravilla.
Amo la naturaleza, y esto es naturaleza en estado puro.

Y sí, ahora me centro en aves porque es lo que más veo en mi entorno.
Sé que hay mamíferos, ovejas, vacas, perros, para los que no necesitaba este objetivo, aunque me vendrá bien igualmente.

Y otros que sé que existen pero nunca he visto: jabalíes, zorros, conejos… ojalá algún día pueda fotografiarlos.

100mm

400mm (con algo de recorte)

Pequeña anécdota de estreno

La primera prueba fue desde la ventana que da al campanario.
El año pasado hice fotos con el 70‑200 mm de mi antigua DSLR. No estaban mal, pero se notaba que no llegaba ni en alcance ni en calidad. Luego pasé a mirrorless y el 24‑105 mm hacía lo que podía… y gracias.

Hoy disparé primero a 100 mm y luego a 400 mm.

El momento de ver la diferencia, de sentir lo cerca que estaba, de distinguir cómo el viento movía el plumaje de las palomas… me hizo sonreír como un niño.

Y mientras seguía probándolo, en mi cabeza sonaba sin parar Absolutely Fabulous de Pet Shop Boys.

Primeras sensaciones reales

Por ejemplo, la foto del insecto volando no es perfecta (era la primera vez que lo intentaba), pero pude seguirlo en vuelo, mantener el foco y congelarlo con un fondo precioso. Eso ya me dice que, ajustando un poco la velocidad para dejar ver el aleteo y cerrando un poco más el diafragma, lo tengo. Aún así me encanta esa foto, me fascinan los colores, el desenfoque... todo.



Pero donde de verdad me ha sorprendido es en las aves a distancia. He podido ver palomas y la cigüeña del campanario que tengo a unos 300 m. Y en el otro campanario, que estará a 150–200 m, incluso distinguir gorriones. Y ojo: distinguirlos de verdad.



Creo que voy a disfrutar muchísimo esta adquisición. Más de lo que imaginaba. Estoy muy contento y tenía que compartirlo con vosotros.

Ya os iré contando más cositas.





Más información | Canon 






sábado, 4 de abril de 2026

Si no podemos ir lejos, tendremos que mirar mejor

Cuando el combustible encarece las escapadas, quizá sea el momento de redescubrir nuestro entorno… y también de crecer como fotógrafos desde otro lugar.

En estos días se está hablando mucho de posibles restricciones, racionamientos y de una movilidad cada vez más condicionada por el precio del combustible. No sabemos hasta dónde llegará todo esto, ni si terminará aplicándose algo concreto. Pero hay una realidad que ya está aquí y que muchos ya notamos: moverse cuesta más.

Y eso, aunque no sea una prohibición, también limita.

Porque no hace falta que te impidan salir para sentir que ciertas escapadas ya no son tan fáciles como antes. Para muchos fotógrafos, eso significa algo más que hacer menos kilómetros: significa perder parte de ese aire nuevo que tantas veces nos ayuda a mirar distinto.



Cuando el mapa se reduce

Hay quien vive la fotografía a través de pequeñas salidas de fin de semana. Hay quien necesita cambiar de entorno para reencontrarse con la motivación. Hay quien busca naturaleza, fauna o paisajes que no tiene cerca. Y hay quien, simplemente, disfruta de la sensación de descubrir lugares nuevos con la cámara al hombro.

Por eso es normal que esta situación genere frustración.

Pero también puede obligarnos a hacer algo que a veces olvidamos: mirar mejor.

Muchas veces creemos que hacemos mejores fotos porque hemos ido más lejos, cuando en realidad lo que nos ayuda es el estímulo de estar en un sitio nuevo. Y cuando ese recurso se reduce, aparece una pregunta importante:
¿qué pasa cuando ya no puedes apoyarte en la novedad?

La respuesta es sencilla: entra en juego la mirada de verdad.

Volver a mirar lo cercano

Cuando el territorio se reduce, el fotógrafo tiene dos opciones: pensar que ya no hay nada que hacer, o aceptar el reto de trabajar con lo que tiene cerca.

Y ahí puede empezar algo muy valioso.

A veces creemos que nuestro entorno ya no tiene nada que ofrecernos, cuando en realidad lo que ocurre es que lo hemos normalizado. Pero no es lo mismo pasar por un lugar que fotografiarlo de verdad. No es lo mismo ver una calle o un camino todos los días que observar cómo cambia con la luz, con la estación, con el clima o con el paso del tiempo.

Lo digo, además, desde la experiencia.

En mi caso, por mi situación personal, llevo mucho tiempo moviéndome en un radio muy reducido. Apenas he tenido unas pocas salidas en muchos meses, y casi siempre a lugares cercanos. Sin embargo, mi fotografía no ha empeorado. Al contrario: ha seguido cambiando, adaptándose y creciendo con lo que tenía delante.

Porque el mismo entorno nunca es exactamente el mismo.

Cambian las flores. Cambian los insectos. Cambia la luz. Cambia el paisaje. Cuando no hay insectos, aparecen los pájaros. Cuando no están, queda la crudeza del otoño o la atmósfera del invierno. Y hasta cuando parece que repites una fotografía, siempre existe otra posibilidad: mejorarla, reinterpretarla o buscar un matiz distinto.

Algunas de mis fotografías favoritas las he tomado a menos de 50 metros de mi casa. 

Una flor que ayer fotografiaste desde arriba, mañana quizá te pida un lateral. O un contrapicado. O dejar pasar la luz a través de los pétalos. A veces no hace falta un lugar nuevo. Hace falta una mirada nueva.



Cambiar de género también es avanzar

Si normalmente haces paisaje, quizá sea el momento de fijarte en detalles, texturas, árboles aislados, geometrías, sombras, interiores o pequeñas escenas cotidianas que antes pasaban desapercibidas.

Si siempre buscas amplitud, quizá toque acercarse.

Si dependes de la escapada, quizá este sea el momento de aprender a trabajar con repetición, con paciencia y con profundidad.

Y sí, también está la opción de fotografiar en casa. Personalmente no es una fotografía que me atraiga demasiado, pero eso no significa que no pueda ser útil. A veces no hace falta enamorarse de ella: basta con entenderla como un entrenamiento para la luz, la composición, la observación y la creatividad dentro de los límites.


Menos desplazamientos, más formación

Y hay algo más que quizá no solemos pensar lo suficiente: hacer menos kilómetros también puede significar ganar tiempo.

Menos tiempo en carretera, menos tiempo organizando desplazamientos, menos energía puesta en llegar… y más margen para invertirlo en otra parte fundamental de la fotografía: formarse.

Cuando las circunstancias no acompañan —por clima, por tiempo o por simple imposibilidad de salir— eso no significa quedarse quieto. También se puede seguir avanzando estudiando a otros fotógrafos, analizando imágenes, tomando ideas, aprendiendo técnicas o profundizando en la edición, que muchas veces es la gran olvidada.

Hoy tenemos acceso a muchísimos recursos, tanto gratuitos como de pago, desde cualquier dispositivo con conexión a internet. Cursos, charlas, entrevistas, libros digitales, tutoriales, clases, análisis de proyectos… A veces no necesitamos salir más para crecer como fotógrafos. A veces necesitamos parar un poco y aprender mejor.

No está todo perdido

No, no es la situación ideal. No hace falta disfrazarla de oportunidad perfecta ni convertirla en un discurso vacío. Es normal que fastidie. Es normal que dé rabia. Es normal sentir que nos recortan parte de algo que disfrutamos.

Pero también es verdad que no está todo perdido.

Se puede seguir fotografiando. Se puede seguir aprendiendo. Se puede seguir creciendo. Quizá no como habíamos planeado, quizá no con la libertad de antes, pero sí de otras formas.

Puede que durante un tiempo tengamos menos kilómetros.

Pero eso no significa menos fotografía.

Porque a veces, cuando el mapa se reduce, la mirada no se apaga:
se afina.